Dormía cuando sentí que mi departamento, en el segundo piso de un edificio de 10, se movía. Era un temblor, pero largo. Me alcancé a levantar mientras mi hermana desde su cama hacía lo mismo. Salimos juntas de la pieza y nos encontramos con mi mamá en el pasillo que une los dormitorios. “Está temblando”, dije yo. “Sí”, me dice todavía un poco dormida.
Nos dimos cuenta de que, en vez de parar, los movimientos se hacían más fuertes y nos metimos las tres abajo del marco de la puerta que separa los dormitorios del living-comedor. No alcanzamos a computar lo que pasaba antes de que se cortara la luz y los movimientos se hicieran más violentos. Yo sentía que mis pies no paraban de corcovear y que la Tierra hacía que el suelo de mi departamento de moviera de arriba a abajo.
“Concha tu madre. Concha tu madre. Padre Nuestro que…”. A estas alturas creo que las 3 sabíamos que era un terremoto, pero al parecer eso no bastaba y segundos más tarde todo se movía aún más fuerte.
De arriba a abajo, de un lado a otro. De arriba a abajo, de un lado a otro.
A oscuras sentí que me caían piedras en la cabeza y por varios segundos estuve absolutamente segura de que me moría, de que los 9 pisos sobre mi departamento se vendrían abajo, y lo único que pensaba era “Por favor que nos encuentren”.
Luego de los dos minutos más eternos de mi vida, cuando ya creíamos que de verdad no iba a terminar nunca, los movimientos se hicieron más suaves y al rato sólo quedaba la oscilación natural del edificio. Todavía nos movíamos un poco cuando sonó el celular de mi mamá y en mi interior supe que era mi hermano y que estaba bien y eso me hizo respirar. “Quédate adonde estás hasta que salga el sol, no se te ocurra manejar”, le decía mi mamá.
Acto seguido agarro mi celular, sólo faltaba saber si mi papá había sentido lo mismo en Puerto Montt. Pero no hubo caso. Durante horas marqué desde el fijo y el celular, pero nada… Chile estaba incomunicado.
Mi hermana atinó a buscar velas y linternas. Yo sólo atiné a prender el computador para ver qué había pasado. Pero sin luz no hay WiFi, y hasta ahí no más llegó ese plan. Bajé al auto, prendí la Cooperativa… 8,5 richter… Concepción… daños menores… No fue mucho lo que escuché porque lueguito me percaté de que estaba en un estacionamiento absolutamente oscuro, debajo de un edificio que acababa de sufrir un terremoto.
Corrí arriba, pregunté sobre los vecinos del edificio y Don Claudio me aseguró que estaban todos bien. Menos mal, hay mucho adulto mayor aquí. Vi que había un par de grietas bien feas en el hall de entrada, pero no presté atención. Transmití las noticias a mi mamá y hermana mientras las tres prendíamos cigarros. Al rato volvió la luz y por fin mis manos dejaron de temblar.
Revisamos el departamento y vimos que lo que caía sobre mi cabeza durante el terremoto era el molido de la juntura entre la muralla y la pared. El arco de la puerta en la que nos refugiamos y la pieza de mi hermano eran lo más dañado. Pero no era nada, prendimos la tele y vimos que en la carretera había varios daños importantes pero respiramos tranquilos porque las autoridades aseguraban que no había peligro de tsunami.
Durante horas estuve pegada al televisor. En una mano el celular y en otra el teléfono fijo, hasta que tipo 8 de la mañana logré hablar con mi papá. Estaba bien, sin luz pero con su casa perfecta. Al rato la información en la tele comenzó a dar un giro y al medio día del sábado ya sabíamos que Chile nunca sería el mismo.
Por Facebook caché que estaban todos bien, salvo el susto que me imagino fue horroroso, porque de noche y sin luz se siente peor. Lo bueno de que haya sido de madrugada es que nos pilló a todos en casa y juntos. ¿Te imaginas de día, en la pega, o en plenas vacaciones, fuera de casa y/o la familia dispersa? Qué angustia. Por suerte supieron luego del Pipe y tu papá. ¿Y la Pita?
A mí irónicamente el terremoto me encontró viendo Titanic, justo cuando se hundía el barco… cuec.
Un besito Pelu.
La Pita está bien, ni ladró. Yo creo que mi gorda está tan viejita que ni escuchó el terremoto. Se quedó cerca de nosotros todo el rato y después siguió durmiendo.
Así que te pilló viendo Titanic? Irónico, por decir lo menos, jajaja. Cómo están tus piojos?
Un abrazo!